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sábado, 19 de mayo de 2012

El péndulo de la muerte

Poe según Corman

Jordi Revert
lunes, 15 de septiembre de 2008, 13:53

Dice la leyenda que Roger Corman apostó a que era capaz de terminar una película en menos de tres días. Roger William Corman, aquel hombre que había estudiado ingeniería industrial y que había acabado como analista de historias y de ahí, a prolífico director de cine, era conocido en la industria por su capacidad para realizar películas a una gran velocidad y con los mínimos recursos posibles. Pero aquella apuesta parecía ir demasiado lejos...

Sin embargo, cuenta también la leyenda que, efectivamente, La Pequeña Tienda de los Horrores (The Little Shop of Horrors, 1960) se rodó en dos días y una noche. Los que recuerden el remake de esta misma película que Frank Oz realizó en 1986 con Rick Moranis a la cabeza de su reparto (y saltándonos el paso intermedio del musical de Howard Ashan en el que se basaba más directamente la película de Oz), se darán cuenta de hasta qué punto el cine que Roger Corman realizó desde las catacumbas de Hollywood entre 1955 y 1971 (fecha en la que, oficialmente, se retiró de la dirección pese a recuperarla esporádicamente y continuar su intensa labor como productor) tuvo gran influencia en el cine de posteriores grandes autores. Algunos de ellos, incluso, empezaron trabajando en producciones de Corman (Jack Nicholson en la mencionada La Pequeña Tienda de los Horrores, pero también Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, James Cameron o Joe Dante) o fueron impulsados por la feliz casualidad de encontrarse en el mismo patio de butacas que él (Peter Bogdanovich). Productor de más de 300 películas y director de unas 50, la extensa filmografía de Corman es hoy un patrimonio inestimable que demuestra, desde las más pequeñas intenciones, una máxima irreprochable: la magnitud del cine no corresponde a sus recursos ni sus presupuestos, sino a lo valioso de sus planteamientos y el amor y destreza con la que aquel que se encuentra tras la cámara convierte esos planteamientos en una ficción en la que merece la pena creer.

El péndulo de la muerte (Pit and the Pendulum, 1961) pertenece al grupo de adaptaciones que Roger Corman realizó sobre relatos de Edgar Allan Poe con el inefable Vincent Price como protagonista en casi la totalidad de ellas y el no menos magnífico Richard Matheson al cargo de sus guiones: La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) o El Cuervo (The Raven, 1963) serían, junto a la mencionada, algunas de las más representativas de la serie. El relato en el que se basa El péndulo de la muerte se sitúa entre los mejores relatos del escritor norteamericano, un brevísimo pero angustioso cuento de terror ambientado en los últimos días de la Inquisición española en el que un prisionero es condenado a morir a manos del más terrible instrumento de tortura: un péndulo con una enorme cuchilla en su extremo que baja lenta y calculádamente hacia el corazón del prisionero, atado e impedido en sus movimientos. En definitiva, una terrorífica reflexión sobre la angustia que adviene al individuo ante la inevitabilidad de la muerte y el tiempo que transcurre hacia esa sola dirección. Tiempo y muerte son explícitamente representados en el relato de Poe con un instrumento de tortura, el más terrible que la mente humana pudiera idear.

La película de Corman no es la más fiel adaptación posible a ese relato. Bien al contrario, apenas toma como único elemento el péndulo para ubicarlo en el clímax que se alcanza en la conclusión. Matheson tomó ese objeto que aúna el sentido del relato de Poe y construyó a su alrededor una historia de almas atormentadas deambulando, en un castillo maldito de almas errantes que aún lloran las torturas y los crímenes a los que la Inquisición les sometió en las terribles cámaras que oculta la fortaleza. Nicholas (Vincent Price) es el señor del castillo, un hombre atormentado por el recuerdo de su mujer muerta en extrañas circunstancias y por una visión traumática de su infancia. Hasta el castillo llega el Doctor Kerr, su cuñado, dispuesto a averiguar toda la verdad sobre la muerte de su hermana, quien sigue, de alguna manera, presente en el opresivo y tenebroso ambiente de la fortaleza.

Aunque alejada de su original, El péndulo de la muerte es una reinvención del relato de Poe de la que el mismo Poe estaría orgulloso, pues se inscribe de lleno en su particular universo. Un fascinante relato de almas torturadas y susurrantes, con un Vincent Price que demuestra su magnificencia como actor a cada desmayo, a cada transición hacia la locura, y a cada vuelta a la normalidad. En El péndulo de la muerte hay lugar al terror de lo desconocido habitando en nuestra morada, a la traición y la explícita tortura (y en vista al significado que ha tomado lo explícito en el género, entiéndase como visible), e incluso a la aventura y al romance (o a su insinuación). Todo ello empacado en apenas 80 minutos de añejo y maravilloso cine de terror, para sumo placer de aquel que sepa entender sus planteamientos y no menospreciar sus recursos.

 
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